El color y la textura son dos elementos indispensables en cuanto a la creación arquitectónica se trata.
Si bien el primer impacto que tenemos de un proyectos son los planos en planta y alzado, al hacer una representación más realística del proyecto, ya sea en perspectivas o presentaciones, estos dos elementos son los que dan la imagen de cómo será el proyecto si este se llega a realizar.
Por un lado es el color.
Se puede definir el color como la ausencia o abundancia de luz sobre un objeto o superficie. Esto a causa de la incidencia de las ondas electromagnéticas sobre este cuerpo o superficie, absorbe una parte de las ondas del espectro electromagnético y refleja las ondas restantes. A su vez el ojo humano percibe las que son reflejadas, son enviadas al cerebro y son interpretadas en colores de acuerdo las ondas que recibe.
En el sentido opuesto, al color negro se le define como la ausencia de luz y al color blanco como la transposición de todos los colores.
Obviamente las ondas que el ojo humano puede ver solo son las del espectro visible.
Para los arquitectos y diseñadores, hay una herramienta muy práctica a este aspecto, la cual es la Paleta de colores Pantone®.
Por otro lado: Textura

Principalmente hay dos tipos de textura: lisa y rugosa.
La textura lisa es una textura sin relieve.
La textura rugosa es aquella que tiene relieve, ya sea áspero o suave; o en forma de mosaico o patrón, como las grecas.
Las texturas en la arquitectura se dan generalmente por los materiales utilizados; ya sea ladrillo, tabique o tabicón, concreto aparente, aplanados repellados finos o gruesos, alucobond, cristal, acero y aluminio; entre varios materiales que hay disponibles.
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